Impresiones de un bosque comestible

Todo puede ser muy racionalizable, pero la primera honesta y espontánea impresión es importante.

Cuando caminé por el bosque comestible en Dartington, quedé maravillado al ver que cada planta que crecía allí lo estaba por una razón, cumpliendo una u otra función.  Fue mágico poder recorrer cada espacio de aquel organismo y sentir esa hermosa canalización que tuvo Martin al crear un jardín tan bonito de la mano de la naturaleza.

Se siente como cuando he escuchado por primera vez una canción y sólo he puesto atención a las sensaciones que me provoca, ni si quiera poniendo atención a la letra, tan sólo al viaje por el cual me lleva la melodía, entregándome completamente al presente sensorial.  Y así sucede que luego se despierta mi atención más racional y comienzo a analizar la música desde una perspectiva más intelectual, sentir como se fue armando tal composición y reconociendo miríadas de elementos que dentro de un lenguaje musical cobran mucho sentido, y así conectándome tanto con la obra como con él o la artista.

Esto mismo sentí al estar sumergido dentro de la creación de este hermano inglés, creación ayudada por la naturaleza y compuesta con sus elementos.  Es estar dentro de un organismo vivo, que respira y nos respira, y así mismo lo respiramos.

La primera impresión me sitúa en un espacio salvaje, donde las protagonistas son sin dudad las plantas, expandiéndose y ocupando cada espacio habido y por haber, abundando de verde por doquier, y dando sabor con sus diversas gamas de colores que nos regalan las flores.  Constantes cantos maravillosos de diferentes aves componen la banda sonora del bosque y sutilmente danzan millones de seres en el microcosmos por encima y debajo del suelo.

Es el final de mayo y el cielo con varias nubes es aún común, chispeando de vez en cuando ante la llegada del verano.  El bosque mantiene su esencia fresca y verde que refleja bien su clima templado-húmedo.  Cuando se abre el cielo penetran los rayos del sol a través del quebradizo dosel que forman los alisos italianos con sus altos y erguidos troncos, permitiendo que la vida del sotobosque prolifere bajo esta luminosidad intensa.

Diversos pasadizos me guían por todo el bosque, transitando a través de espacio abiertos donde crecen plantas que disfrutan del sol, así como un bello estanque con flores de loto, llevándome también por caminos estrechos contorneados con corridas de arbustos que forman hermosos setos, algunos a punto de empezar a crecer su fruta y otros tan sólo entregando fertilidad.  Y mientras más me adentro encuentro áreas sombrías con felices plantas bajo el cobijo del denso follaje de ciertos árboles.

Cada intérprete de esta impresionante orquesta musicaliza esta obra componiendo una armonía en movimiento desatada al unísono.  Cada planta o agrupación de éstas en los diversos gremios y policultivos esta íntimamente relacionada con el completo, cumpliendo uno o más roles, sirviendo a la salud del ecosistema creado o entregándonos una utilidad directa.  Cada especie fue cuidadosamente escogida y ubicada para danzar en este sereno suelo fértil.

Esta interacción es la que disfruto tanto de un bosque comestible, estar dentro de un hermoso organismo bosque, sintiendo su energía vital generosamente emanada, al mismo tiempo que ha sido inteligentemente diseñado para cubrir nuestras necesidades.  Esta es la nueva forma de hacer agricultura en manos de todos.

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